Es graciosa la gente que llora por pendejadas, recuerdo cuando me iban a cortar el pelo siendo muy niño y veia a otros carajitos llorando, siempre pensé que eran unos cretinos. por qué carajo lloran? te están cortando el pelo y ya!
Siempre pensé que todos esos carajitos que lloraron cuando los llevaron a la peluquería son los mismos que al crecer se colean en las colas, botan basura en el suelo y se roban los lápices de la oficina. Maricos tristes.
Recuerdo que para la primera comunión nos hicieron confesarnos, esperabamos los del salón sentados en una capilla y pasabamos uno a uno, y algunos huevones salían llorando. Digo, el cura te pegó o algo? o con 11 años ya tuviste una mística experiencia religiosa?
Se me escapa de las manos el pensar como alguien se podía tomar en serio semejante pendejada de ir a confesarse, pero con 11 años aun no tenía suficiente criterio para ver esas cosas, igual me parecían unos maricos tristes, y me reia silenciosamente de ellos mientras iba a pensando que le iba a inventar al cura que había hecho para que me dejara ir rápido.
El cura era un señor muy gordo y la confesión se hacía en un cuarto con la luz baja, el cura se sentaba al lado y escuchaba, por cada “pecado” que le soltaba de mi repertorio de inventos soplaba duro por la nariz como un chancho, según la magnitud de la “falta” soplaba menos o más duro.
Pronto comprendí que podía usarlo como una especie de instrumento musical porcino y crear una serie de confesiones en especie de pentagrama de magnitudes variables para crear melodías con sus soplidos, pero me aburrí ahi mismo.
Eventualmente me botaron de la primera comunión y tuve que pasar por ese trámite el siguiente año.
Para la confirmación ya estaba más grandecito, así que en la fila para la confesión en vez de inventarme que decirle para que me dejara en paz me perdía en el sencillo placer de ver a las niñas y concluir mentalmente que era una desgracia un colegio mixto si ellas también usaban pantalones… total que pasé y un poco aburrido le solté cualquier barbaridad al padre.
- “Hijo dime cuales son tus pecados”
- “Sabe que padre, me encanta ver a los niñitos de primer grado jugando en el parque, y ver como se agachan sobretodo a los varoncitos”
El cura sopló como quizá nunca había soplado, y yo en el fondo pensé “me pasé, coño, ya maté al viejo!”.
Lástima que no nos confirmó él cura si no un obispo, de cualquier manera siempre que me lo encontraba por los pasillos le guiñaba el ojo.

